Las bases industriales presionan para hablar abiertamente de la crisis, pero Rocca y la cúpula frenan y negocian textos ambiguos. El director ejecutivo de la UIA renunció. El 53% de las empresas reportó caída de producción en enero. Y hasta la Fundación Mediterránea, cuna del liberalismo económico, pide protección para la industria nacional.
La recesión le está rompiendo el pacto de silencio al poder empresario argentino. Durante más de un año, las grandes cámaras industriales sostuvieron una omertá cuidadosa: no cuestionar en público el modelo económico de Milei, absorber los golpes y esperar. Pero los números de enero de 2026 llegaron demasiado pesados, y el silencio empezó a resquebrajarse — aunque todavía de manera controlada y con mucho ruido vacío.

Lo que ocurrió esta semana en la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Asociación Empresaria Argentina (AEA) es un buen termómetro de esa tensión. Ambas entidades emitieron comunicados que sus propias bases celebraron como una crítica a Milei. Al día siguiente, sus titulares salían a los medios a aclarar que bancan el rumbo. Eso es exactamente lo que el título de la nota de Leandro Renou en Página 12 llama «simuladores»: empresarios que imitan la protesta sin hacerla.
La pelea en el salón Petiribí
El martes, en la sede de la UIA en Avenida de Mayo, hubo una disputa feroz cuando se discutió el comunicado. Los industriales de los sectores más golpeados — calzado, metales, autopartes, textiles — pedían una posición directa contra el modelo. Los grandes — Techint, las automotrices, Ledesma — los frenaron. El texto que salió fue tan ambiguo que sirvió para todo: los de adentro lo celebraron como crítica y el titular salió al día siguiente a decir que apoyan a Milei.
El detonante más concreto fue el mote de «Don Chatarrín» que Milei le puso públicamente a Paolo Rocca, presidente de Techint y hombre fuerte de ambas cámaras. A los grandes empresarios argentinos les molesta más el escarnio público que la caída de sus negocios. Los negocios caídos son un ciclo, razonan. El daño reputacional, no.
Los números que la cúpula no quiere gritar
Antes de renunciar, el director ejecutivo histórico de la UIA, Diego Coatz, procesó los datos fabriles de enero 2026. Son los que la cúpula no quiso poner en el centro del comunicado:
El Monitor de Desempeño Industrial cayó a 36,5 puntos en enero, bajando 7,5 puntos respecto al relevamiento anterior y 5,6 puntos contra enero del año pasado. El 53,3% de las empresas reportó caída de producción. En ventas internas, el 54,7% registró bajas. En empleo, el 22,2% reportó caídas — y de esas, la mitad redujo personal, el 41% redujo turnos y el 23% implementó suspensiones.
Coatz se fue con un mensaje de despedida que fue, en sí mismo, un pequeño manifiesto: «Argentina es, fue y tiene que ser un país industrial.» Una frase que en el contexto actual suena casi a provocación.
El negocio minero de Rappallini y la línea Techint
El sucesor en la dirección ejecutiva de la UIA será Laura Bermúdez, que responde a la línea de Martín Rappallini — el titular de la entidad, hombre de Rocca y uno de los negociadores de la reforma laboral con el gobierno. Lo que el artículo de Página 12 deja en claro es que Rappallini no es solo vocero de Techint: acaba de recibir un RIGI (régimen de incentivo para grandes inversiones) para un proyecto minero propio en Mendoza, una extracción de cobre llamada PSJ Cobre Mendocino. El mismo hombre que habla de crisis industrial tiene sus negocios personales en expansión gracias al gobierno que dice criticar.
Hasta la Mediterránea pide protección
El dato más revelador de hasta dónde llegó la crisis llega desde Córdoba. María Pía Astori, presidenta de la Fundación Mediterránea — la cuna del liberalismo económico que formó a Domingo Cavallo y durante décadas se opuso a cualquier forma de proteccionismo estatal — salió a pedir que el sector manufacturero sea tratado «como lo hace Estados Unidos, con coherencia», cuidando que los productos chinos no entren de cualquier manera.
La Mediterránea pidiendo protección para la industria nacional. Si eso no alcanza para medir la magnitud de la crisis, es difícil saber qué lo haría.




