Asumió Alberto Fernández

En una jornada cruzada por la emoción y la esperanza de la multitud que copó desde temprano el centro porteño, Alberto Fernández asumió como presidente de la Nación con un mensaje en el que hizo especial hincapié en la necesidad de unir a los argentinos, una especie de leit motiv que se repitió a lo largo de la jornada. Planteó como prioridad de su gestión la lucha contra el hambre y adelantó reformas en la Justicia y en los servicios de inteligencia, dos áreas delicadas. “Durante cuatro años escuchamos que nosotros no volvíamos más, ¡pero esta noche volvimos y vamos a ser mejores! Gracias argentinos, a trabajar a partir de mañana por ese país que nos merecemos”, concluyó Fernández antes de fundirse en un abrazo con Cristina Kirchner y que los fuegos artificiales iluminaran el cielo sobre la Plaza de Mayo. En una suerte de consejos al nuevo presidente, la vicepresidenta le había expresado: “no se preocupe por la tapa de un diario, preocúpese por llegar al corazón de los argentinos”.

A propósito de esos planteos, Fernández dio una definición. “Sé muy bien que la política es contradicción de intereses. Y sé muy bien con Cristina a quiénes representamos: a los que sufren, a los que se quedaron sin trabajo, a los que se quedaron sin escuela, a los que deambulan por esta ciudad buscando el techo de un banco para pasar la noche”, sostuvo. Agradeció a Dios haber conocido a Néstor y Cristina Kirchner, y pidió que no se insulte a Mauricio Macri con el cantito que se conoció como “el hit del verano”. “No, no ya no. Todo eso ya pasó”, cortó. Sostuvo que había que recordar el pasado reciente pero para no repetirlo y no reincidir en las divisiones. “Con las divisiones ganan los de siempre”, consideró.

Alberto Fernández buscó, en la medida de lo posible, presentarse como una persona común afrontando un día único. Mostró en las redes sociales cómo se preparaba para ir al Congreso, hizo una consulta para saber si estaba bien su atuendo y hasta grabó un saludo de despedida a su perro Dylan. Luego salió manejando su auto Toyota gris junto a su mujer Fabiola. Afuera lo esperaban vecinos de Puerto Madero para saludarlo. Habían armado el nombre Alberto, cada uno con una letra. No fue un trayecto largo, la gente lo iba saludando al paso.

La plaza del Congreso había comenzado a llenarse desde temprano. Pese a que no hubo asueto y que las temperaturas eran muy altas desde la mañana, la característica fue gente festejando y cantando por donde fuera. La sensación era de alivio luego de una transición que se hizo eterna. La llegada de Fernández sirvió para avivar los ánimos, tanto afuera como adentro del Congreso. En el ingreso lo esperaban las vicepresidentas Cristina Kirchner y Gabriela Michetti. Fue muy comentado el gesto de Fernández de ayudar a Michetti con su silla, lo mismo que el gélido saludo entre Cristina y Mauricio Macri. La vicepresidenta electa no le obsequió ni una mirada. En sintonía, la marcha peronista que cantaron los legisladores y desde los palcos sonó más fuerte cuando apareció Macri en escena. Su presencia generaba incomodidad. Cumplió con ponerle la banda a su sucesor y se fue a su quinta. En Olivos pasó la noche Alberto Fernández.

El discurso ante la Asamblea Legislativa, de poco más de una hora, Fernández anunció una reforma judicial emparentada con una reforma en los servicios de inteligencia. Habló de otro “nunca más”, para la justicia operada por servicios, para los linchamientos mediáticos y para las persecuciones según los vientos políticos del momento. Avisó que intervendrá la AFI y que eliminará los famosos fondos reservados, que durante años se utilizaron para los más diversos motivos, casi nunca para los debidos. Remarcó que “los unicos privilegiados” en su gestión serán los que menos tienen y volvió a condicionar el pago de la pesada deuda que le deja Macri al crecimiento de una economía hoy estancada.

Como había prometido, Alberto Fernández cubrió el recorrido entre el Congreso y la Plaza de Mayo nuevamente en su auto, aunque esta vez manejó su asistente Daniel, así él podía ir saludando desde el asiento trasero junto a Fabiola. En el delantero iba su hijo Estanislao. Pero en el arranque la gente superó las vallas y se abalanzó sobre el coche, que terminó con varias abolladuras en sus puertas. Después el operativo se ajustó, la marcha transcurrió sin inconvenientes y con mucho entusiasmo.

Fernández subió a su despacho junto a Fabiola y Estanislao y su vocero Juan Pablo Biondi y el subsecretario general de la Presidencia Miguel Cuberos. Tenía curiosidad por saber cómo estaban las oficinas y comentaba al pasar algunos recuerdos de sus épocas de funcionario con Néstor Kirchner. Justamente, al rato ingresó el histórico fotógrafo presidencial Víctor Bugge que le regaló una foto con Kirchner y otra con Luis Alberto Spinetta para que las ponga en su despacho. Se asomó a la terraza para un primer vistazo a la Plaza ya repleta.

En el primer piso, los diplomáticos hacían una larga fila para el tradicional saludo. Se hizo en el salón Blanco, y junto a Fernández se paró su canciller Felipe Solá. Estuvieron los presidentes de Paraguay, Mario Abdo Benítez, el de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y los de Uruguay, el saliente Tabaré Vázquez y el entrante Luis Lacalle Pou. El chileno Sebastián Piñera finalmente no viajó porque quería seguir las aslternativas de la búsqueda de un avión militar desaparecido con 38 tripulantes. Fernández y Solá tuvieron un extenso intercambio con el vicepresidente de Brasil Hamilton Mourao, el enviado de último momento de Jair Bolsonaro. Pero, indudablemente, con quienes se mostraron más afectuosos fue con el matrimonio de Pepe Mujica y Lucía Topolansky.

Uno de los enviados de Donald Trump, el asesor Mauricio Claver-Carone, expresó su disgusto por la presencia del ex presidente ecuatoriano Rafael Correa y el ministro de Comunicación venezolano, Jorge Rodríguez y dijo que se marcharía antes de lo pensado. Sin embargo, el subsecretario en el Departamento de Estado Michael Kozak no sólo se quedó sino que hoy se reunirá con Fernández y con Solá.

Lo que siguió en la agenda fue la jura de los ministros, que mientras tanto se encontraban conversando en el salón Eva Perón, tomando bebidas frescas y comiendo algo. Ya había llegado Cristina Kirchner. Lo mismo gran cantidad de invitados especiales, que se acomodaron en el Museo del Bicentenario, un lugar que en su momento inauguró la ex presidenta. Cuando ingresaron juntos, ella le fue marcando a Fernández algunos detalles del sitio. La jura del jefe de Gabinete y los 20 ministros transcurrió en tono festivo, aunque sofocante por la falta de aire acondicionado.

Y si hablamos de calor, debemos mencionar a la multitud que se mantuvo durante horas en la Plaza de Mayo siguiendo los muchos números musicales que se continuaron durante toda la jornada. El último fue de Litto Nebbia, el mentor musical de Alberto Fernández. “Confíe siempre en su pueblo, son los más leales, sólo piden que los representen”, le dijo Cristina, tratándole de usted. “Somos un movimiento político que nació en la faz de la Tierra para ser solidario con el prójimo”, aseguró el presidente, que hoy iniciará su tarea con condicionamientos de todo tipo pero la convicción -sostuvo- de que “estamos unidos y decididos a poner a la Argentina de pie”.

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