Messi pisó la Casa Blanca. Trump lo recibió con honores, le hizo un discurso de bienvenida para el almanaque y se sacó la foto con la camiseta rosa del Inter Miami con el dorsal 47. Y Milei, desde Buenos Aires, hizo lo que le sale natural cuando el mundo le da la razón: lo publicó todo y puso el video. Específicamente, un video de 2018. Un fragmento televisivo de cuando todavía era un economista que aparecía en los canales de noticias para hablar de estadísticas y libros de economía austríaca, y que en medio de todo eso salía a defender a Lionel Messi con la misma energía que ponía en sus diatribas contra el gasto público.

«Esto era lo que yo decía sobre Messi en 2018, mientras el periodismo lo estropeaba y algunos imprudentes le decían que tenía miedo a ganar. Primero los datos… Fin», escribió Milei en sus redes. La frase es un clásico: el golpe a los medios, la apelación a la evidencia, el punto final sin vuelta atrás. Y tiene la estructura de un argumento ganado de antemano, porque hoy Messi ya ganó el Mundial, ganó la Copa América dos veces, ganó la MLS con Inter Miami y está siendo recibido en la Casa Blanca. La historia le dio la razón. Milei lo sabe y lo disfruta.
En el video de 2018, el Milei previo a la política no opinaba ni especulaba. Tiraba números. 306 partidos y 355 goles como juvenil. 815 encuentros y 650 tantos como profesional. Un total de 1.121 partidos y 1.005 goles. «Los números de Messi son impresionantes. No hay jugador en la historia de la humanidad que haya hecho lo que hizo Messi», decía con la misma vehemencia con que hoy defiende el superávit fiscal. Y para los que insistían con el argumento del Mundial que todavía no había llegado, tenía una comparación que no dejaba lugar a respuesta: «Con ese criterio, el Mago Garré levantó la copa y usted me va a decir que fue mejor que Cruyff, Platini o Rummenigge.»
Publicó un segundo video también, de otro programa. Ahí mencionaba un estudio estadístico que evaluaba a Messi en todas las categorías posibles — producción de goles, eficacia, remates desde fuera del área, asistencias, participación defensiva — y concluía que el rosarino lideraba todas. «Es el único jugador en la historia que es el mejor en todas las categorías», afirmaba. Y ahí fue cuando la cosa dejó de ser solo fútbol y pasó a ser Argentina: «En este país, a un exitoso como Messi se lo cuestiona. Ese es el síndrome por el cual este país se hunde: se castiga al exitoso.» Ocho años después, Milei preside ese país y le manda el video a tres millones de seguidores.
El disparador fue la visita del Inter Miami a la Casa Blanca. Trump invitó al equipo campeón de la MLS 2025 siguiendo una tradición de la administración estadounidense de recibir a los equipos campeones en diversas disciplinas. David Beckham, dueño del club, no pudo estar — estaba en Europa en el desfile de moda de su esposa Victoria. Pero Messi sí estuvo. Y Trump le dedicó una bienvenida que quedará en los archivos: «Es un gran privilegio para mí decir lo que ningún presidente estadounidense ha tenido la oportunidad de decir antes: bienvenido a la Casa Blanca, Lionel Messi.» Se llevó una pelota firmada y una camiseta con el dorsal 47 — el número de su presidencia. Todo calculado, todo simbólico.
Milei vio las fotos, abrió el cajón y sacó el video de 2018. El mensaje implícito era tan claro que no hacía falta escribirlo: yo lo banqué cuando nadie lo bancaba. Ahora el mundo lo recibe en la Casa Blanca. Primero los datos. Fin.





