Irina Makarova tomó una decisión que cualquier madre hubiera tomado: su hija estaba en pareja con un hombre violento, embarazada, deprimida, enferma. La mandó lejos. La mandó a Argentina. A Bariloche. A un lugar sin guerra, sin visa, con atención médica gratuita.
Hoy esa misma madre presentó una carta ante la Justicia argentina que dice todo lo que la fiscalía de Bariloche no quiere escuchar: «Lo que le hicieron a mi hija Elena y a mi nieto Miroslav es imperdonable. Estuvieron casi tres meses secuestrados en un lugar que llamaban refugio.»
La historia real: un novio violento, no una secta
Elena vivía en Perm, en Rusia. Tenía una relación con un hombre llamado Iván que la amenazaba, la insultaba y bebía. Le decía que sin él no era nadie. Cuando quedó embarazada en julio de 2024, él le pidió que abortara. Elena estaba enferma, con pancreatitis, hundiéndose en una depresión.
Irina organizó el viaje. Una amiga de Elena, Angelina, viajaba a Argentina. «Le pedí que me ayudara a sacar a mi hija de Rusia y de la violencia que estaba sufriendo», escribió la madre.
¿Por qué Argentina? Simple: «En Rusia todos sabemos que no hace falta visa, que la atención médica es gratuita y que es un país tranquilo. Era un lugar sin guerra, donde mi hija podía tener a su bebé en paz.»
Bariloche: meses felices, hasta el parto
Desde Bariloche, Elena mandaba fotos de las montañas. Hablaba con su madre casi todos los días. «La escuchaba mejor, sonaba feliz», recordó Irina. La recuperación parecía real.
Hasta que Elena entró al hospital.

Lo que pasó en el Hospital Carrillo
El 17 de marzo de 2025 nació Miroslav, más de cuatro kilos, por cesárea. Inmediatamente después, irrumpieron policías en la habitación. Sin intérprete. Sin abogado. Le sacaron el teléfono a Elena.
Durante cinco días, Irina no supo nada de su hija ni de su nieto recién nacido.
Cuando Elena pudo llamar, le contó dónde estaba: un refugio estatal. Sin dirección conocida. Lavando la ropa a mano. Amamantando bajo vigilancia policial. «Se sentía humillada y muy asustada», relató su madre.
El castigo por abrir Google Maps
Este es el pasaje que más duele de la carta.
Elena, desesperada por no saber dónde estaba, abrió Google Maps desde un teléfono prestado y le fue describiendo lo que veía a su madre. Irina lo anotó todo. Le pidió que la rescatara.
Al día siguiente, Elena no llamó. Cuando por fin pudo hacerlo, llegó llorando:
«Me dijo que la habían castigado y que le habían sacado el teléfono y a los gritos le dijeron que no volviera a llamarme porque había abierto el Google Maps y eso estaba prohibido.» — Irina Makarova, carta ante la Justicia argentina (Agencia NA)
«Los únicos que la torturaban eran ellos»
Irina no tiene dudas sobre quiénes causaron el daño: «Fue tal el trauma que le ocasionó la intervención de la policía y los fiscales que le decían a Elena constantemente que era una víctima. Pero la verdad es que los únicos que la torturaban física y psicológicamente eran ellos.»
Al llegar a Rusia, Elena necesitó psicóloga. Irina la fue a buscar a Moscú. «Solo me quedé tranquila cuando la abracé», escribió.
La causa sigue: Rudnev preso, Elena libre en Rusia

La fiscalía de Bariloche mantiene su hipótesis de secta. Konstantin Rudnev sigue preso en Rawson hace más de un año. Elena declaró en Cámara Gesell que no lo conoce. Tiene nueva abogada. Hay audiencia en abril.
La Procuración General rechazó investigar a los fiscales pese a la denuncia formal. Y la carta de esta madre llega hoy para recordarle a la Justicia que hay una mujer en Rusia, con su bebé, que todavía espera una respuesta.




