Mahiques echó al que investigaba a Tapia y ahora nadie sabe si los veedores en la AFA van o no van

Juan Bautista Mahiques asumió como ministro de Justicia, firmó la jura, se sacó la foto con Milei y en las primeras horas de gestión hizo lo que ningún analista político esperaba a esa velocidad: echó al titular de la IGJ, el organismo que venía investigando a la AFA con más fuerza que nadie. Daniel Vítolo, el inspector general que había pedido veedores para auditar las cuentas de Claudio Tapia y que se había convertido en la cara visible del Gobierno en la guerra contra el fútbol corrupto, tiene los días contados en su despacho. Y ahora la pregunta que nadie en el Gobierno responde con claridad es una sola: ¿los veedores van o no van?

Vítolo no era un funcionario cualquiera. En los últimos meses había escalado posiciones en la agenda política hasta convertirse en uno de los nombres más mencionados de la interna entre el Gobierno y la AFA. Había pedido formalmente la designación de auditores para revisar los estados contables de la entidad del fútbol, los contratos con firmas nacionales e internacionales, los vínculos con empresas como TourProdEnter LLC y el Grupo Sur Finanzas, y la creación de la Universidad de la AFA — la famosa UNAFA que nació y murió en tiempo récord. Era el hombre de Caputo dentro del esquema de Justicia. Y Mahiques lo echó en sus primeras horas.

El problema de fondo es que Mahiques tiene un vínculo con la AFA que él mismo no puede negar. Lo admitió en televisión con una naturalidad que a muchos les generó más preguntas que respuestas: «Conozco a Tapia, a Toviggino y a Malaspina. Los conozco socialmente a todos.» Y cuando le preguntaron por el proyecto universitario de la AFA, tampoco pudo esquivarla: en 2025 lo habían designado vicerrector de esa efímera universidad. «Pero no soy amigo de ninguna de las personas que se dice. Ninguno vino a mi cumpleaños ni a mi casamiento», se atajó. La frase fue exactamente lo suficientemente específica como para llamar la atención de todos.

Desde la Casa Rosada intentaron bajar el tono. «No cambia un ápice la posición del Gobierno sobre la AFA», dijeron fuentes oficiales a varios medios. El problema es que la posición del Gobierno sobre la AFA se expresaba, hasta ayer, a través de Vítolo. Y Vítolo se va. El expediente de los veedores quedó en el Ministerio. Mahiques dijo que lo va a estudiar el fin de semana. «Salvo que encuentre una irregularidad en el expediente, no debiera haber problema en mandar a los veedores», afirmó. Pero esa frase lleva incorporada la posibilidad de que encuentre una irregularidad. Y si la encuentra, los veedores no van. Y si no van, Tapia gana.

Mientras tanto, el resto de la purga que Mahiques ejecutó en sus primeras horas incluyó pedidos de renuncia en la Unidad de Información Financiera, la Oficina Anticorrupción, la Oficina de Bienes Recuperados y el Centro de Derechos Humanos. «Llegué con un equipo», fue la justificación del ministro. Claro y simple. En el fondo, el mensaje es el de siempre en la política argentina: cuando cambia el jefe, cambian los que mandan debajo. Lo que cambia en este caso es que el jefe nuevo tiene vínculos públicamente reconocidos con los investigados. Y eso, en una causa tan caliente como la de la AFA, no es un detalle. Es el tema.

Versiones periodísticas apuntan al abogado Alejandro H. Ramírez — que tiene antecedentes de haber litigado contra la propia AFA — como el probable sucesor de Vítolo. Si esa designación se confirma, el mensaje del Gobierno sería el opuesto al que proyectó el despido de Vítolo. En política, a veces los movimientos en apariencia contradictorios tienen una lógica que solo se entiende cuando el polvo se asienta. Por ahora, el polvo todavía vuela

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