Trump ahora amenaza a Colombia, México, Cuba y Groenlandia
Donald Trump se autopercibe como un gran conquistador. Solo le faltan el uniforme caqui y el globo terráqueo para señalar qué país —y, sobre todo, qué recursos— pasarán a estar bajo su control, legitimado por la fuerza militar y una lógica de poder sin matices. El ataque sangriento contra Venezuela, que incluyó el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores, y dejó un saldo aún no confirmado de decenas de muertos y heridos, parece haberlo dejado cebado.
Ahora, sin rodeos, el presidente estadounidense amplió la lista de objetivos: Colombia, México, Cuba y Groenlandia. Para los dos primeros repite el mismo libreto utilizado contra Caracas: el combate al narcotráfico. En el caso de Groenlandia, sumó el argumento de la “seguridad nacional”, alegando una supuesta presencia creciente de barcos rusos y chinos en el Ártico. Cuba completa el cuadro de amenazas.
Las respuestas no tardaron en llegar. Y algunas fueron particularmente duras. El presidente colombiano Gustavo Petro le recordó a Trump que en 1989, cuando integraba la guerrilla del M-19, se incorporó al proceso de paz, pero advirtió que ante una amenaza directa “por la Patria tomaré de nuevo las armas que no quiero”.
Una región bajo tensión
El ataque a Venezuela y la escalada verbal posterior están desestabilizando a toda la región. Incluso, en la noche del lunes, drones no identificados sobrevolaron Caracas y las inmediaciones del Palacio de Miraflores. Las fuerzas de seguridad venezolanas aseguraron haberlos derribado.
En el Consejo de Seguridad de la ONU, representantes de China, Rusia, Colombia y Chile cuestionaron duramente a Estados Unidos. El único respaldo explícito a Washington llegó, sin pudor, desde la representación argentina.
En el plano político, Trump encontró resistencia. Petro, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum y el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen dejaron en claro que el mandatario estadounidense no tendrá un camino sencillo.
Sheinbaum sostuvo que “solo los pueblos pueden construir su propio futuro, decidir su camino, ejercer soberanía sobre sus recursos naturales y definir libremente su forma de gobierno”. Nielsen, por su parte, le exigió a Trump que abandone sus “fantasías sobre la anexión”.
Amenazas abiertas
En el vuelo de regreso desde Mar-a-Lago, Trump volvió a cargar contra Petro, acusándolo —sin prueba alguna— de vínculos con el narcotráfico y asegurando que una invasión a Colombia “suena bien”. Días antes ya le había advertido que “se cuide”, afirmando que en su país existen “fábricas de cocaína”.
Ni Trump ni los periodistas recordaron la histórica presencia de bases militares estadounidenses en Colombia, ni el rol de la DEA, señalada durante décadas por su connivencia con los cárteles que abastecen al mayor consumidor de cocaína del mundo: Estados Unidos.
Petro respondió con datos: afirmó que su gobierno logró la mayor incautación de cocaína de la historia, frenó el crecimiento de los cultivos y avanzó en la sustitución voluntaria de más de 30.000 hectáreas. Advirtió además que cualquier bombardeo sobre zonas rurales pondría en riesgo a campesinos y niños, y lanzó una advertencia política: “Si detienen al presidente que el pueblo respeta, desatarán al jaguar popular”.
México, Cuba y Groenlandia
Trump también apuntó contra México, asegurando que el país “no puede controlar a los cárteles” y sugiriendo una intervención directa. Incluso afirmó que Sheinbaum rechazó en varias oportunidades el envío de tropas estadounidenses. La presidenta mexicana fue categórica: rechazó cualquier forma de injerencia y sostuvo que la soberanía “no es negociable”.
Sobre Cuba, Trump aseguró que “está a punto de caer” porque ya no contaría con el respaldo venezolano, ignorando que la isla lleva 64 años bajo un bloqueo económico y continúa resistiendo.
En cuanto a Groenlandia, Trump afirmó que su anexión es necesaria por razones estratégicas y ridiculizó a Dinamarca. Nielsen respondió con firmeza: calificó la retórica estadounidense como “absolutamente inaceptable” y exigió el fin de las presiones. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y la Comisión Europea también rechazaron cualquier intento de anexión.
Un peligro latente
Trump dejó claro que entre su retórica y una acción militar hay muy poca distancia. Por eso, la reacción de los gobiernos amenazados fue inmediata y contundente. La región, una vez más, queda al borde de una crisis mayor, impulsada por la lógica imperial de un presidente que confunde poder con dominación y diplomacia con amenazas.





