La Gestapo sindical no es novedad: los atentados al sindicalismo en la Historia Argentina

¿De dónde llegan las ideas de Marcelo Villegas, ex ministro de Trabajo del gobierno bonaerense de María Eugenia Vidal, de armar una Gestapo antisindical? Una policía secreta, sin control legal o judicial, que vigila, persigue y elimina opositores ver tiene raíces en una Argentina que se arrastra desde 1955.

Cuando derrocaron a Juan Domingo Perón en el golpe de Estado de 1955, lo primero que hicieron los militares fue intervenir los sindicatos. Los siguientes gobiernos dictatoriales y democráticos que los sucedieron hasta el 1973 fueron pendulantes en la relación con los gremios, debido a la fuerte resistencia organizada de los trabajadores sindicalizados.

Mientras tanto, el pueblo trabajador avanzaba en las mejoras posibles y mantenía intacta la consigna fundamental: “Perón Vuelve”. Sabía que solo podría desarrollarse y ser parte de un proyecto de liberación nacional con Perón, que sintetizaba ese proyecto de mejora para todo el conjunto.

El golpe del año ‘76, a la luz de lo aprendido, intentó dar el mazazo final a estas estructuras, pero nuevamente se encontró con una fuerte resistencia. Los datos son contundentes: el 67 por ciento de los desaparecidos eran trabajadores.

Se buscaba quebrar el activismo sindical, penetrando en su estructura organizativa. No pudo la dictadura genocida, pero dejó una gran fractura dentro del campo popular que hasta hoy los trabajadores padecemos.

Cuando volvió la democracia en 1983, Alfonsín presentó el proyecto de “Ley de Reordenamiento Sindical” elaborada por su ministro de Trabajo, Antonio Mucci. La iniciativa encontró una fuerte resistencia de las organizaciones sindicales, y finalmente fue reprobada en el Senado. O sea, el movimiento obrero torturado, encarcelado y asesinado, y por el cual, gracias a su resistencia fue uno de los protagonistas para recuperar la democracia, se encontraba, casi sin poder reorganizarse y velar en paz a sus muertos, con una nueva embestida “democrática”, cuya finalidad era la misma, romper la estructura sindical.

El nuevo intento vino de la mano del liberalismo de los ’90 instalado en la Casa Rosada, que pretendió culminar lo empezado por la última dictadura. La destrucción total de la estructura productiva del país y sus consecuencias laborales y sociales que lograron que nunca más se pueda volver a reconstruir, y luego el mini gobierno de la Alianza con Fernando De la Rúa y sus intentos de “reformas laborales”.

Con Néstor Kirchner, el sindicalismo recuperó espacio y derechos. Pero ya el país era otro. La llegada del macrismo redobló la prédica sobre la demonización de los dirigentes sindicales. Estrategia inteligente, que busca en la personalización de un dirigente la destrucción de todo el modelo sindical.

El macrismo “logró” mediante el espanto que se alcanzara la unidad sindical. Y aún más, se avanzó en un nosotros más amplio, sumando a los movimientos populares que buscan organizar a los trabajadores de la economía popular.

Destruir el modelo sindical argentino es una obsesión de antaño. Lo nuevo es cómo vamos a frenarlo, y cómo avanzamos en mejorar este modelo sindical para avanzar en la conquista de derechos para todos los trabajadores/as de la patria.

Seguir hablando de movimiento obrero organizado es referirnos a otra época donde la estructura laboral era otra.

Por Ezequiel Conde.

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