La CGT presentará el lunes un amparo judicial contra la reforma laboral

Convencida de que la reforma laboral será sancionada este viernes en el Senado, la conducción de la Confederación General del Trabajo (CGT) resolvió no convocar a un paro general ni a una movilización masiva y avanzar, en cambio, por la vía judicial.

El próximo lunes la central obrera se concentrará en Plaza Lavalle para acompañar la presentación de un amparo contra la ley, al considerar que varios de sus artículos vulneran derechos individuales y colectivos de los trabajadores.

La decisión de la “mesa chica”

La definición se adoptó en una reunión de mesa chica ampliada realizada en la sede de Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), el gremio estatal que conduce Andrés Rodríguez.

El triunviro Jorge Sola confirmó la estrategia: “La decisión ha sido sustentar el análisis legal que se viene haciendo y la presentación judicial que va a hacer la CGT respecto de lo que creemos inconstitucional en el proyecto”, señaló el titular del gremio de los seguros.

Si bien no detalló qué artículos serán impugnados, adelantó que el planteo se enfocará en aspectos vinculados a la representación gremial y a modificaciones que, a criterio de la central, afectan derechos laborales protegidos por la Constitución.

La estrategia es similar a la desplegada en diciembre de 2023 contra el DNU 70/23, cuando la CGT logró frenar en la Justicia el capítulo laboral de esa norma.

En esta oportunidad, la conducción no convocará a trabajadores en general sino que buscará una movilización acotada, integrada principalmente por delegados y dirigentes sindicales.

Tensiones internas

La postura judicialista fue impulsada por el triunvirato y los sectores conocidos como “Gordos” e “Independientes”. Sin embargo, hubo voces que reclamaron una estrategia más confrontativa.

Juan Carlos Schmid, titular de Dragado y Balizamiento, propuso avanzar con paros por actividad. Por su parte, Omar Maturano, secretario general de La Fraternidad, pidió convocar a un Comité Central Confederal para definir un plan de lucha más amplio. La propuesta no prosperó.

Entre los dirigentes que participaron del encuentro estuvieron también Héctor Daer (Sanidad), Hugo Moyano (Camioneros), Gerardo Martínez (UOCRA), Rodolfo Daer (Alimentación) y Armando Cavalieri (Comercio), entre otros.

Según trascendió, Cavalieri cuestionó tanto la división interna del peronismo como la falta de acciones más contundentes por parte de la propia central. “Solo criticamos y no hacemos nada”, habría planteado, sin lograr modificar la decisión final.

El trasfondo político

En la CGT sostienen que el “costo político” de la sanción de la reforma debe recaer sobre senadores y diputados del peronismo. Esa línea discursiva se consolidó desde diciembre pasado, cuando la central marchó a Plaza de Mayo contra el proyecto.

El Gobierno trasladó el tratamiento parlamentario a febrero, convencido de contar con los votos necesarios para avanzar con una reforma considerada clave dentro de su programa económico y en línea con compromisos asumidos ante el Fondo Monetario Internacional.

Desde el entorno sindical reconocen que la central no logró articular a tiempo una estrategia política eficaz con gobernadores y legisladores para frenar la iniciativa.

Los gremios “combativos”

En paralelo, un sector de sindicatos nucleados en el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) convocó a un paro de 36 horas y a una movilización al Congreso desde el mediodía del viernes.

Entre los gremios que integran ese espacio se encuentran la UOM, conducida por Abel Furlán; los aceiteros de Daniel Yofra; el SOMU de Raúl Durdos; y los sindicatos aeronáuticos liderados por Juan Pablo Brey y Pablo Biró, entre otros. También participan ambas vertientes de la CTA.

Desde ese sector anticiparon que las protestas continuarán y que buscarán ampliar el frente en las provincias, replicando experiencias previas de articulación sindical más confrontativa.

De este modo, mientras la CGT apuesta a la vía judicial para intentar frenar la reforma laboral, otro sector del sindicalismo opta por sostener la presión en las calles, reflejando una interna que atraviesa al movimiento obrero frente al avance del programa oficial.

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