Estados Unidos confirmó que asumirá el control de la comercialización del petróleo venezolano por tiempo indefinido, en una decisión que profundiza la intervención sobre el principal recurso económico del país sudamericano tras la ofensiva militar que derivó en la captura del presidente Nicolás Maduro.
El anuncio fue realizado por el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, durante una conferencia organizada por Goldman Sachs, donde precisó que Washington administrará tanto el crudo actualmente almacenado como la producción futura. “Vamos a comercializar el petróleo que sale de Venezuela, primero el que ya está almacenado y luego, indefinidamente, venderemos la producción venezolana en el mercado”, afirmó.
Wright agregó que los ingresos obtenidos serán depositados en cuentas controladas por Estados Unidos, y sostuvo que el objetivo estratégico es “crear las condiciones para que las grandes empresas estadounidenses que operaban antes en Venezuela puedan volver a hacerlo”.
Incautaciones y presión militar
El anuncio se produjo en un contexto de creciente presión militar y naval. En las últimas horas, Estados Unidos confirmó la incautación de un petrolero sancionado en aguas del Caribe, mientras fuerzas estadounidenses también intervinieron contra un buque de origen ruso en el Atlántico Norte, en el marco del bloqueo a las exportaciones energéticas venezolanas.
Las acciones forman parte de una estrategia más amplia para controlar el flujo de crudo y evitar que Venezuela continúe comercializando petróleo por fuera del esquema impuesto por Washington. Funcionarios estadounidenses señalaron que la medida apunta especialmente a la llamada “flota oscura”, utilizada para eludir sanciones internacionales.
Repercusiones internacionales
Las definiciones de Washington generaron reacciones inmediatas a nivel global. China denunció lo que calificó como un acto de “intimidación” y defendió la soberanía venezolana sobre sus recursos naturales. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Mao Ning, sostuvo que exigirle a Caracas que rompa vínculos con Pekín como condición para explotar su petróleo constituye una violación grave del derecho internacional.
Según reportes de medios estadounidenses, la administración de Donald Trump habría reclamado a la presidenta interina Delcy Rodríguez que Venezuela corte relaciones económicas con China, Rusia, Irán y Cuba, y que se asocie exclusivamente con Estados Unidos en el sector energético.
En paralelo, el presidente Trump planea mantener reuniones con directivos de Chevron, Exxon y ConocoPhillips para analizar un eventual regreso de las petroleras estadounidenses a Venezuela, un proceso que requeriría fuertes inversiones y definiciones sobre el marco legal y fiscal para la repatriación de utilidades.
Reacomodamientos regionales
En América Latina, la crisis venezolana también empieza a generar efectos colaterales. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, afirmó que su país se convirtió en un “proveedor importante” de petróleo para Cuba ante la interrupción del suministro venezolano, aunque aclaró que los envíos no superan los volúmenes históricos.
Un control sin plazos
La definición de Washington de controlar el petróleo venezolano sin un horizonte temporal definido refuerza la lectura de que el recurso energético es el eje central de la estrategia estadounidense en el país caribeño. Con ingresos bajo supervisión directa de EE.UU., presencia militar en rutas marítimas clave y presión diplomática sobre los aliados de Caracas, el futuro de la industria petrolera venezolana queda atado a decisiones externas, en un escenario de fuerte disputa geopolítica.





