La reforma laboral todavía no se votó, pero el clima ya es de confrontación abierta. La CGT convocó a un paro general en coincidencia con el tratamiento del proyecto en Diputados y desde el sindicalismo combativo lo dijeron sin rodeos: “Estuvo obligada”.
La frase no es casual. Rubén “Pollo” Sobrero y Mónica Schlotthauer sostuvieron que la central obrera no tuvo alternativa frente a la presión creciente de sindicatos, cuerpos de delegados, internas y trabajadores que venían exigiendo una respuesta contundente ante el avance legislativo.
El debate podría darse el 19 o el 25. La tensión, en cambio, ya empezó.
El mensaje hacia adentro y hacia el Gobierno
Sobrero y Schlotthauer no solo apuntaron contra la reforma laboral. También marcaron diferencias con la estrategia de la conducción cegetista.
Según expresaron, la política de negociación con gobernadores y el diálogo con sectores del oficialismo permitió que el proyecto avanzara. En ese marco, la convocatoria al paro es presentada como un triunfo de la presión desde abajo.
El mensaje es doble: hacia el Gobierno, que impulsa la reforma; y hacia la propia CGT, a la que le exigen que el paro no sea un gesto aislado.
“Debe ser el inicio de un plan de lucha”
Los dirigentes fueron claros: el paro general no puede limitarse a un reclamo parcial ni centrarse en artículos específicos. Debe ser “contra toda la reforma laboral”.
Además, plantearon que la CGT debe incorporar otras demandas:
- Aumento salarial de emergencia.
- Incremento jubilatorio.
- Fin de los despidos.
- Convocatoria a asambleas en todos los lugares de trabajo.
El conflicto, entonces, trasciende el texto legislativo y se convierte en una disputa más amplia por el rumbo económico.




