Productores de Misiones y cooperativas denuncian que la desregulación del mercado favorece a intermediarios y amenaza la producción familiar.
La yerba mate, una de las bebidas más consumidas en Argentina, vuelve a convertirse en escenario de un conflicto económico y político. Este viernes productores de la provincia de Misiones y organizaciones cooperativas realizarán un nuevo “yerbatazo” en Plaza Constitución para denunciar la caída del precio de la hoja verde y advertir sobre el impacto que tiene la desregulación del mercado en las economías regionales.
La protesta se desarrollará también en los cuatro locales de la Empresa Cooperativa de Alimentos Soberanos (ECAS) y busca acercar el reclamo de los productores al público urbano. A través de la distribución de yerba y de actividades informativas, los organizadores intentarán explicar cómo funciona la cadena productiva y por qué consideran que el actual esquema de comercialización perjudica a quienes trabajan en el campo.
El punto central del reclamo es la diferencia entre el precio que reciben los productores y el valor que paga el consumidor en las góndolas. Según sostienen, mientras el precio en origen cae, el producto final mantiene valores elevados en supermercados y comercios.
Juan Pablo Della Villa, referente de ECAS, sintetizó la situación en una frase que se repite entre los productores: “Si el kilo de yerba no baja en la góndola pero sí baja en el campo, los que se benefician son los intermediarios”.
Una economía regional en tensión

La producción de yerba mate constituye uno de los pilares económicos de Misiones. Miles de pequeños productores dependen de la venta de hoja verde para sostener sus ingresos y mantener sus explotaciones familiares.
Cuando el precio de la materia prima se reduce, el impacto se extiende rápidamente a toda la economía regional. Menores ingresos para los productores implican menos actividad económica en zonas rurales y mayores dificultades para sostener el empleo en el sector.
En ese contexto, las organizaciones de productores advierten que la situación actual podría acelerar un proceso de concentración económica en la actividad.
La disputa por el control del mercado
Uno de los ejes del conflicto es la desregulación del Instituto Nacional de la Yerba Mate, organismo que históricamente establecía precios de referencia para la producción.
Para los productores, la pérdida de ese mecanismo de regulación dejó el mercado en manos de actores con mayor capacidad económica, como grandes secaderos y empresas industrializadoras.
Carlos Bietcheler, presidente de Grapia Milenaria, sostiene que ese proceso puede tener consecuencias profundas para la estructura del sector. “Si los productores nos fundimos y la actividad se sigue concentrando, la yerba va a terminar valiendo lo que decidan los grandes”, advirtió.
La preocupación no se limita a la situación de los productores. Para muchos especialistas en economías regionales, la concentración del mercado puede afectar también a los consumidores, al reducir la competencia y limitar la diversidad de marcas y productores.
“Si no hay Estado, que no haya IVA”
La consigna que acompañará la protesta resume la crítica de los productores al actual esquema económico: “si no hay Estado, que no haya IVA”.
Con esa frase buscan poner en debate la relación entre políticas públicas, regulación del mercado y precio final de los alimentos.
Según explican, el kilo de yerba que hoy venden a 3.333 pesos podría costar alrededor de 2.633 pesos si no se aplicara el impuesto al valor agregado.
La propuesta apunta a mostrar cómo la estructura impositiva y la falta de regulación pueden influir en el precio final de los productos básicos.
Una protesta que busca apoyo social
El yerbatazo no es una forma de protesta nueva. En los últimos años se convirtió en una herramienta de visibilización utilizada por productores para acercar sus reclamos a los consumidores urbanos.
En lugar de limitarse a una manifestación tradicional, la jornada combina protesta con actividades de difusión y contacto directo con el público.
Los organizadores consideran que explicar cómo funciona la cadena productiva es clave para que los consumidores comprendan el origen del conflicto.
En un país donde el mate forma parte de la vida cotidiana, el reclamo de los productores interpela también a quienes consumen el producto todos los días.
La pregunta que atraviesa la protesta es simple pero profunda: si el precio en el campo cae y el de la góndola se mantiene alto, ¿quién se queda con la diferencia?




