La vicepresidenta entró al Congreso en silencio y a la madrugada escribió que no renuncia: la interna que Milei no puede tapar

El domingo, el bloque libertario no aplaudió a Villarruel cuando entró al recinto. Milei la señaló con un gesto en el discurso. Bullrich dijo que «va para el peronismo». Petri la llamó golpista. Y la vice respondió a todos desde X a las tres de la mañana: «Mi renuncia no se les va a dar.» Bienvenidos a la interna que el gobierno quería que no existiera.


Hay un momento que vale más que cualquier declaración. El domingo a la noche, cuando Victoria Villarruel entró al recinto del Congreso para la apertura de sesiones, el bloque de La Libertad Avanza guardó silencio. No hubo un solo aplauso. Ningún vitor. Ningún gesto. Después, cuando la locutora anunció la llegada de Martín Menem —presidente de Diputados, hombre fiel a Karina Milei— los mismos legisladores aplaudieron con ganas. El contraste fue tan deliberado que no necesita explicación.

Esa es la foto de la interna libertaria en marzo de 2026. Una vicepresidenta que entra en silencio a su propio Congreso, un presidente que la señala con un gesto de cabeza durante el discurso, y una exministra de Seguridad que al día siguiente dice en televisión que Villarruel «va para el camino del peronismo» con la chicana final: «Hay que ver si la aceptan.»

Lo que dijo cada uno y lo que significa

Patricia Bullrich, hoy jefa del bloque libertario en el Senado —el lugar que Villarruel perdió— fue al hueso en LN+: «El Gobierno va para un lado, que son las políticas liberales de una economía abierta y de un Estado chico, y Villarruel, por las cosas que hace públicamente, va en otra dirección.» También habló de «un contrato electoral totalmente fraguado» y especuló: «Quizás esas ideas las tuvo siempre.»

Es una acusación de traición disfrazada de análisis político. Y Bullrich lo sabe. También sabe que está acumulando poder en el Senado desde diciembre de 2025, cuando llegó al bloque como una «máquina de sacar leyes» —según la describió Infobae— y empezó a hacer lo que la vice ya no hacía: gestionar los votos, negociar con los gobernadores y garantizar quórum. Hoy tiene el elogio público de Milei. Mañana, quizás, algo más.

Luis Petri —radical devenido libertario, ex compañero de fórmula de Bullrich, ex ministro de Defensa de Milei— le puso la etiqueta más dura: «golpista». Villarruel le respondió sin anestesia: «A Petri lo conozco por sus cosplays y los trencitos de la alegría con el Presidente. Y por el vaciamiento de IOSFA y los sueldos más bajos de todas las fuerzas.»

El miércoles a la madrugada, Villarruel publicó el mensaje que el gobierno no quería leer: «Eso quieren. Mi renuncia. Pero no se les va a dar. El 10/12/27 hasta esa fecha ocupo con honestidad mi cargo. Al que no le guste, vota lo que quiere en el próximo turno.»

Los gestos que el protocolo no puede esconder

Al ingresar al salón para encontrarse con Milei, Villarruel le cerró el paso a Karina con el cuerpo. Karina —secretaria general de la Presidencia, hermana del presidente, la verdadera segunda de este gobierno— tuvo que aguantar el empujón y quedarse detrás. «Le metió el cuerpo a Karina», resumió una fuente parlamentaria. El video circuló toda la semana.

Son gestos físicos que hablan de una relación rota más allá de lo reparable con un comunicado. Casa Rosada desmintió haber pedido la renuncia de la vice pero al mismo tiempo dijo: «Lo único que queremos es que haga su trabajo. Para eso la votaron y no lo hace.» Desmentida con condena incorporada.

Por qué esto importa más allá del chisme

Villarruel tiene imagen positiva en algunas encuestas incluso en sectores que no son el núcleo duro libertario. Eso la convierte en un activo político independiente, y eso es exactamente lo que el gobierno de los Milei no puede tolerar. En este espacio, o se es herramienta o se es amenaza. Villarruel eligió no ser herramienta. Ya sabe lo que viene.

Lo que el peronismo observa con atención es si ese corrimiento político de la vice —la foto con Quintela en La Rioja, el busto de Isabel Perón que ella inauguró en 2024, los votos que habilitó junto a la oposición para tratar jubilaciones y discapacidad— tiene consistencia ideológica o es solo táctica de supervivencia. Por ahora, Bullrich ya dio el veredicto. El peronismo todavía no respondió si la acepta.

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