Mauricio Macri y Juliana Awada se separaron

La ruptura se habría definido antes de las fiestas de fin de año. La pareja decidió preservar la armonía familiar y evitar declaraciones públicas. El anuncio impactó en el escenario político y social y marca el cierre de una etapa ligada al ascenso y caída del PRO.

La separación de Mauricio Macri (66) y Juliana Awada (51) quedó confirmada este domingo y generó una fuerte repercusión en el ámbito político, social y mediático. Tras más de 15 años juntos, la pareja decidió poner fin a una relación que estuvo íntimamente ligada a los años de mayor visibilidad y poder del expresidente, según información confirmada por la agencia Noticias Argentinas.

De acuerdo con fuentes cercanas a ambos, la decisión se habría tomado antes de Navidad y Año Nuevo, aunque eligieron atravesar las fiestas en conjunto para preservar la armonía familiar, especialmente por el cuidado de su hija en común, Antonia. El manejo reservado de la ruptura fue una constante hasta que la noticia trascendió públicamente.

Un vínculo atravesado por el poder

La relación comenzó en septiembre de 2009, cuando Macri —entonces jefe de Gobierno porteño— y Awada se conocieron en un gimnasio del barrio porteño de Parque. Una cena y un viaje a Tandil terminaron de consolidar el vínculo, que avanzó rápidamente: en pocos meses formalizaron el noviazgo y comenzaron a convivir.

El casamiento civil se celebró el 16 de noviembre de 2010, con alrededor de 400 invitados, y fue seguido por una fiesta en la estancia La Carlota, en un evento que reunió a referentes del empresariado, la política y el círculo íntimo de la pareja. En octubre de 2011 nació Antonia, la única hija que tuvieron juntos.

La relación se desarrolló en paralelo al crecimiento político de Macri. Durante su primer mandato como jefe de Gobierno porteño y, más tarde, en la carrera presidencial, la figura de Awada se convirtió en un activo central del marketing político, utilizada para humanizar y “suavizar” la imagen del empresario de cara a la elección de 2015.

Familia ensamblada y exposición pública

Ambos llegaban al matrimonio con historias familiares previas. Macri es padre de Agustina, Francisco y Gimena, mientras que Awada tiene una hija, Valentina. Con el paso del tiempo, la familia ensamblada se volvió una postal recurrente durante los años de gestión en la Ciudad de Buenos Aires y, luego, en la Casa Rosada.

Juliana Awada construyó durante ese período un perfil público propio, con fuerte presencia en redes sociales y un estilo que combinó cercanía, estética y distancia calculada del conflicto político cotidiano.

Las señales previas

En los últimos años, Awada mantuvo una actividad constante en redes sociales, donde solía compartir viajes, actividades familiares y mensajes afectuosos hacia Macri en fechas especiales. Sin embargo, en los días previos a la confirmación de la separación, se mostró en la Patagonia junto a Antonia y amigos, sin la compañía del expresidente.

Desde el entorno de ambos evitaron comentarios públicos y remarcaron que la decisión fue consensuada, con el objetivo de resguardar la intimidad familiar.

El final de una etapa política

La separación de Macri y Awada pone fin a una de las parejas más representativas del poder en la Argentina reciente. Juntos atravesaron la gestión porteña, la llegada a la Presidencia en 2015, los años de gobierno nacional y el fracaso del intento de reelección en 2019.

También compartieron el período posterior, marcado por el regreso de Macri a la oposición y por la irrupción de Javier Milei, que terminó de desplazar al PRO como fuerza central de la derecha argentina. El final del vínculo encuentra al expresidente en medio de un eclipse político, con el liderazgo del espacio definitivamente en manos del mandatario libertario.

La ruptura, así, no solo cierra una historia personal, sino que funciona como símbolo del ocaso de una etapa política que marcó a la Argentina durante más de una década.

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